Aventuras y desventuras de una Gran Cacho de Perkins
11/11/09
Manual de instrucciones
¿Por qué las personas no tendrán un manual de instrucciones? ¿Por qué no podemos decir: si llueve y se moja, hay que hacer que se cambie de ropa con alegres palabras sobre la importancia de que llueva, si se le rompe un objeto querido, recordarle que hay otras miles de cosas importantes en la vida y que aquello era tan solo un vaso, o un reloj, o una carta antigua..., si nada de eso funciona, llamen al servicio técnico?
Ya sé que es una tontería, pero es que hay gente que disfruta el caminar bajo la lluvia, calándose hasta los huesos, mientras que otra gente, como yo, por ejemplo, odia mojarse con la más mínima brisa. Quizá un comentario como "es importante que llueva" podría desencadenar una hecatombe en determinado momento en mi caso, pero sería suficiente para calmar a mi amiga L., tan consciente de la naturaleza y tan pedagógica.
Si alguien me rompe una antigua carta, no lo podría olvidar probablemente en la vida, y S. tardaría horas en volver a hablar si me cargase su taza sagrada, aunque fuera sin querer; sin embargo conozco a gente que vende o regala todas sus posesiones cuando se cambia de casa, e incluso tirarían al papel (porque hay que reciclar) tamaños recuerdos del ayer, y sin pestañear.
A veces uno no sabe muy bien qué hacer con las personas en determinadas circunstancias extremas... porque está claro que hay situaciones que están cantadas, cuando se conoce a la persona en sí, y a veces sin necesidad de todo eso - hay gente como R. y M., con los que siempre sale todo bien, da igual si uno se pierde por el camino, si sólo puede quedar a horas intempestivas en días assurdos, si tienen que trabajar al día siguiente o si tienen un momento de crisis nerviosa en mitad de un ensayo. Y lo que salga, sale. Con gente así estoy convencida de que no sería difícil reaccionar, da igual en qué situación.
Pero otras veces, a uno le parece que cada cosa que se le ocurre podría estar mal, podría no ajustarse a las expectativas del otro, podría generar una brecha irreparable en la confianza mutua. Son casos extremos donde se es consciente de que hay muchos sentimientos de por medio y se quiere ser especialmente cuidadoso. Probablemente el otro esté pensando que no hace falta comerse el coco para saber qué hacer, que no es tan importante lo que haga, que no pasa nada porque eres tú el que lo hace... Yo siempre he pensado que lo que importa es la intención, pero eso es sólo lo que yo pienso y mi manera de valorar lo que otros hacen; si veo que no había intención de hacer daño, aunque me duela lo que hayan hecho no me cuesta aceptarlo como viene y ya está, porque qué iban a saber ellos que yo soy una fetichista innata, o una maniática de los recuerdos, o una bañista a contra corriente. Pero en casos extremos, a veces, las personas esperan cosas de uno que a uno, cuando llega la hora de la verdad, simplemente no se le ocurren, incluso aunque esté considerando todo tipo de perspectivas para actuar bien. Y cuanta más presión tienes, peor te sientes, menos cosas se te ocurren, más metes la pata.
Seguro que estáis pensando que lo importante es actuar de corazón en estos casos, y soy consciente de que así es. Pero si me ofusco, ya no actúo de corazón. Si dudo, ya no sé si habría otra solución mejor. Si cavilo, me equivoco. A veces me ha pasado estar horas con una persona y hacerlo todo mal sin querer, tan mal, que hubiera sido mucho mejor irse a casa y esperar al retorno de la naturalidad. Ahora lo sé, pero en ese momento se tiene el convencimiento de que hay que estar ahí, de que uno tiene que marcar la diferencia... y no.
A veces, a estas alturas de mi vida, me veo obligada a aprender a dejar a las personas tranquilas cuando noto que lo quieren así. Pero eso va tan en contra de cómo soy y de lo que hago de forma natural, que me quedo todo el tiempo preguntándome si no hubiera sido mejor hacer esto o lo otro en lugar de nada... ¿Me estaré volviendo fría y calculadora, o es sólo que me estoy haciendo mayor? En fins, comeduras de tarro en noviembre, bienvenidas. A vosotros, un beso, como poco :)
¿Por qué las personas no tendrán un manual de instrucciones? ¿Por qué no podemos decir: si llueve y se moja, hay que hacer que se cambie de ropa con alegres palabras sobre la importancia de que llueva, si se le rompe un objeto querido, recordarle que hay otras miles de cosas importantes en la vida y que aquello era tan solo un vaso, o un reloj, o una carta antigua..., si nada de eso funciona, llamen al servicio técnico?
Ya sé que es una tontería, pero es que hay gente que disfruta el caminar bajo la lluvia, calándose hasta los huesos, mientras que otra gente, como yo, por ejemplo, odia mojarse con la más mínima brisa. Quizá un comentario como "es importante que llueva" podría desencadenar una hecatombe en determinado momento en mi caso, pero sería suficiente para calmar a mi amiga L., tan consciente de la naturaleza y tan pedagógica.
Si alguien me rompe una antigua carta, no lo podría olvidar probablemente en la vida, y S. tardaría horas en volver a hablar si me cargase su taza sagrada, aunque fuera sin querer; sin embargo conozco a gente que vende o regala todas sus posesiones cuando se cambia de casa, e incluso tirarían al papel (porque hay que reciclar) tamaños recuerdos del ayer, y sin pestañear.
A veces uno no sabe muy bien qué hacer con las personas en determinadas circunstancias extremas... porque está claro que hay situaciones que están cantadas, cuando se conoce a la persona en sí, y a veces sin necesidad de todo eso - hay gente como R. y M., con los que siempre sale todo bien, da igual si uno se pierde por el camino, si sólo puede quedar a horas intempestivas en días assurdos, si tienen que trabajar al día siguiente o si tienen un momento de crisis nerviosa en mitad de un ensayo. Y lo que salga, sale. Con gente así estoy convencida de que no sería difícil reaccionar, da igual en qué situación.
Pero otras veces, a uno le parece que cada cosa que se le ocurre podría estar mal, podría no ajustarse a las expectativas del otro, podría generar una brecha irreparable en la confianza mutua. Son casos extremos donde se es consciente de que hay muchos sentimientos de por medio y se quiere ser especialmente cuidadoso. Probablemente el otro esté pensando que no hace falta comerse el coco para saber qué hacer, que no es tan importante lo que haga, que no pasa nada porque eres tú el que lo hace... Yo siempre he pensado que lo que importa es la intención, pero eso es sólo lo que yo pienso y mi manera de valorar lo que otros hacen; si veo que no había intención de hacer daño, aunque me duela lo que hayan hecho no me cuesta aceptarlo como viene y ya está, porque qué iban a saber ellos que yo soy una fetichista innata, o una maniática de los recuerdos, o una bañista a contra corriente. Pero en casos extremos, a veces, las personas esperan cosas de uno que a uno, cuando llega la hora de la verdad, simplemente no se le ocurren, incluso aunque esté considerando todo tipo de perspectivas para actuar bien. Y cuanta más presión tienes, peor te sientes, menos cosas se te ocurren, más metes la pata.
Seguro que estáis pensando que lo importante es actuar de corazón en estos casos, y soy consciente de que así es. Pero si me ofusco, ya no actúo de corazón. Si dudo, ya no sé si habría otra solución mejor. Si cavilo, me equivoco. A veces me ha pasado estar horas con una persona y hacerlo todo mal sin querer, tan mal, que hubiera sido mucho mejor irse a casa y esperar al retorno de la naturalidad. Ahora lo sé, pero en ese momento se tiene el convencimiento de que hay que estar ahí, de que uno tiene que marcar la diferencia... y no.
A veces, a estas alturas de mi vida, me veo obligada a aprender a dejar a las personas tranquilas cuando noto que lo quieren así. Pero eso va tan en contra de cómo soy y de lo que hago de forma natural, que me quedo todo el tiempo preguntándome si no hubiera sido mejor hacer esto o lo otro en lugar de nada... ¿Me estaré volviendo fría y calculadora, o es sólo que me estoy haciendo mayor? En fins, comeduras de tarro en noviembre, bienvenidas. A vosotros, un beso, como poco :)
22/09/09
Kamikaze
Mare megua, qué ortografía tiene la palabra... he tenido que consultar la RAE para ver cómo se escribe, y he de reconocer que he fallado en una. Y eso que les digo siempre a mis alumnos que no existe la combinación z+e en español, cachis. En todo caso, lo que me ha dicho la RAE es:
Pues que sepáis que soy un viento divino de ésos japoneses que me la juego de manera terrorista y un día me voy a lanzar como explosivo en sí mismo contra un objetivo cualquiera... ¿Qué día será ése? El día en que, mientras voy conduciendo, el tío de los pelos largos y el tatuaje no esté sentado a mi lado controlando mis acciones con sus pedalitos.
Y es que sí, como algunos sabréis, me ha dado por sacarme el carnet de condusió. Más que nada, porque no está mal tenerlo, porque en el momento en que a S le pase algo estoy vendida, porque el día que tenga a mis sobrinos en casa aprendiendo alemán tendré que llevarles a sitios culturales sin depender de los horarios de la DB, que es un caos, y porque odio, ODIO, esperar al tren a 10 grados bajo cero, nevando y con el viento "impresionante" que se mueve por estos lares. Ah, y también porque así después de las fiestas podré conducir a casa sin tener que pasar obligatoriamente por el Mugre Kins.
"Pueees... al ataque", me dije a mi misma con ese saber-estar que me caracteriza - una vez que acepté que la perspectiva de estar en España el tiempo suficiente para sacármelo de seguido empieza a ser utópica- , y me dispuse a ir a la autoescuela de mis sueños, es decir, la que está al lado de mi casa. Resulta que descubrí que podía empezar las dos cosas (práctico y teórico) a la vez, y después de ir a un par de clases teóricas (que aquí son obligatorias) y ver que sí me entero más o menos de los tecnicismos (es decir, que va a ser difícil que el profe me dé un comando y yo no entienda qué leches me está diciendo, en mitad de la autopista y a 120), me metí a saco con el tema con todo a la vez, como buena géminis.
En estos momentos me hallo en mitad de mi período formativo (toma ya). Ya he dado todas las clases teóricas que son obligatorias, aunque aún falta un par de semanas para el teórico pq aún no he podido arreglar los papeles porque resulta que mi foto, que me ha servido en España para hacerme en DNI nuevo y el pasaporte, no es "biométrica". ¿Que dice Tráfico que no soy quéeee?? "No usted, no, la foto, que no es biométrica". Ah, vale. O sea que me van a clavar aquí 10 euros por 4 fotos de las que necesito una, eso sí, super biométrica. Vaya.
También he ido al cursillo obligatorio (previo pago de su importe, claro, que aquí te cobran por lo que sea) de salvamento, y he salvado a una muñeca, le he puesto su defibrilador, he abierto el triangulito de peligro del coche y he puesto una venda para cortar la hemorragia a mi compañera. Además, me han hecho la prueba de la vista y sí, se ve que sin gafas no voy a ser capaz. Pero bueno, ya está todo hecho.
En las clases, he pasado ya por las siguientes fases de la conductora principiante (el conductor, no lo he vivido, ya me diréis si es así o no):
Sólo me faltan los exámenes, de los que ya os informaré a su debido tiempo (o quizá un par de meses después, conociéndome). Lo que sí es que he descubierto mi "yo kamikaze", y no me mola demasiado, pero intentaré ocuparlo en otras actividades menos peligrosas como hacer fotocopias, mirar la hora o limpiar el baño. En fins, ya os contaré, siento mi ausencia, me alegro de volver. Muchos besos a todos.
Mare megua, qué ortografía tiene la palabra... he tenido que consultar la RAE para ver cómo se escribe, y he de reconocer que he fallado en una. Y eso que les digo siempre a mis alumnos que no existe la combinación z+e en español, cachis. En todo caso, lo que me ha dicho la RAE es:
kamikaze.
(Del jap. kamikaze, viento divino).
1. m. Piloto japonés que tripulaba un avión con explosivos con el que se lanzaba contra objetivos, suicidándose, en la Segunda Guerra Mundial.
2. m. Persona que se juega la vida realizando una acción temeraria.
Pues que sepáis que soy un viento divino de ésos japoneses que me la juego de manera terrorista y un día me voy a lanzar como explosivo en sí mismo contra un objetivo cualquiera... ¿Qué día será ése? El día en que, mientras voy conduciendo, el tío de los pelos largos y el tatuaje no esté sentado a mi lado controlando mis acciones con sus pedalitos.
Y es que sí, como algunos sabréis, me ha dado por sacarme el carnet de condusió. Más que nada, porque no está mal tenerlo, porque en el momento en que a S le pase algo estoy vendida, porque el día que tenga a mis sobrinos en casa aprendiendo alemán tendré que llevarles a sitios culturales sin depender de los horarios de la DB, que es un caos, y porque odio, ODIO, esperar al tren a 10 grados bajo cero, nevando y con el viento "impresionante" que se mueve por estos lares. Ah, y también porque así después de las fiestas podré conducir a casa sin tener que pasar obligatoriamente por el Mugre Kins.
"Pueees... al ataque", me dije a mi misma con ese saber-estar que me caracteriza - una vez que acepté que la perspectiva de estar en España el tiempo suficiente para sacármelo de seguido empieza a ser utópica- , y me dispuse a ir a la autoescuela de mis sueños, es decir, la que está al lado de mi casa. Resulta que descubrí que podía empezar las dos cosas (práctico y teórico) a la vez, y después de ir a un par de clases teóricas (que aquí son obligatorias) y ver que sí me entero más o menos de los tecnicismos (es decir, que va a ser difícil que el profe me dé un comando y yo no entienda qué leches me está diciendo, en mitad de la autopista y a 120), me metí a saco con el tema con todo a la vez, como buena géminis.
En estos momentos me hallo en mitad de mi período formativo (toma ya). Ya he dado todas las clases teóricas que son obligatorias, aunque aún falta un par de semanas para el teórico pq aún no he podido arreglar los papeles porque resulta que mi foto, que me ha servido en España para hacerme en DNI nuevo y el pasaporte, no es "biométrica". ¿Que dice Tráfico que no soy quéeee?? "No usted, no, la foto, que no es biométrica". Ah, vale. O sea que me van a clavar aquí 10 euros por 4 fotos de las que necesito una, eso sí, super biométrica. Vaya.
También he ido al cursillo obligatorio (previo pago de su importe, claro, que aquí te cobran por lo que sea) de salvamento, y he salvado a una muñeca, le he puesto su defibrilador, he abierto el triangulito de peligro del coche y he puesto una venda para cortar la hemorragia a mi compañera. Además, me han hecho la prueba de la vista y sí, se ve que sin gafas no voy a ser capaz. Pero bueno, ya está todo hecho.
En las clases, he pasado ya por las siguientes fases de la conductora principiante (el conductor, no lo he vivido, ya me diréis si es así o no):
- Mega-akojoniert (lo pongo en maribeliano alemán, que queda menos fuerte): ella le dice al profe-rockero, en español, claro: "¡¡¡Un cocheeeee!!! ¡¡¡que vieneeeee!!! ¡¡¡Nooooo!!!", o también está el momento: "Una señora va por la acera, no querrá cruzar, ¿no?"
- Angustiada: "Coche-coche-coche-COCHE, ayayayayayayay-uff!!"
- Hueveadora: dícese de la conductora que resuelve toda situación en primera, porque así se siente segura y es mucho más difícil atropellar a alguien.
- Agobiada: "¿Que meta segunda? ¿Yaaa?"
- Cautelosa: poco a poco y por la derecha, "me voy a ir parando ya porque con mi ultra visión kilométrica gafil noto que por ahí alante hay un semáforo en rojo, no vaya a ser..."
- Fitipaldi: "lalalalaaa... voy en terceraaaa... lalalaaaa... ¡¡uys, una curva!! No me da tiempo a bajar de velocidad, me meto en la calle...¡¡ a 50!! ¡¡Tomaaaaa!! Ah, ¿pero no habíamos quedado en que tenía que decidirme rápido?"
- Tensa: "Joer qué rápido me he acostumbrao a ir a 80, ¿no? ¿Qué es este dolor que tengo en el cuello? Aaaah, son los brazos en tensión, como para moverlos ahora..."
Sólo me faltan los exámenes, de los que ya os informaré a su debido tiempo (o quizá un par de meses después, conociéndome). Lo que sí es que he descubierto mi "yo kamikaze", y no me mola demasiado, pero intentaré ocuparlo en otras actividades menos peligrosas como hacer fotocopias, mirar la hora o limpiar el baño. En fins, ya os contaré, siento mi ausencia, me alegro de volver. Muchos besos a todos.
10/03/09
Feisbuk
Hace algunos meses, descubrí con asombro que la gente empezaba a preguntarme cosas que yo no entendía, como cuando le intentas preguntar a tu abuelo si recibió el sms que le mandaste el sábado y él te mira como si fueras de otro planeta... pues lo mismo, pero siendo yo el abuelo.
Y lo que me preguntaban venía a ser: "¿Estás en feisbuk?" o "¿Tienes el feisbuk?". Y yo ahí considerando la posibilidad de sacar el significado por contexto, como intento enseñarles a mis alumnos y así les ha ido a los mayores, que me han contao en el examen una historia inventada mucho mejor que la de las aves del César, pero totalmente incorrecta de pies a cabeza... Pues yo ahí dubitativa: "estar en feisbuk" puede ser una frase hecha como "estar en la parra", "estar en obras", "estar entre Pinto y Valdemoro", "estar en frenesí", "estar en público"... claro que combinao con el verbo tener, pues puede ser una enfermedad: "¿estás enfermo?" va bien con "¿tienes la gripe?". Amos, que después de estas cortas reflexiones tendí a preguntar directamente, ya que, como bien es sabido, soy una mujer y a las mujeres no nos importa preguntar cuando vemos que no llegamos a ninguna parte con los propios medios...
Resulta que todos sabían lo que era, tenía que ver con Internet y estaban emocionados, pero ninguno podía explicarlo para mi inteligencia. Pero, ¿qué es exactamente? Pueeees... como una página que tienes en la que puedes meter fotos e invitar a tus amigos. Pero con mogollón de cosas más. Aaaaah. ¿Y qué cosas? Pueeees... depende de lo que te guste. Hay juegos entre la gente. Yo me he comprao ya un prostíbulo en la guerra de pandillas. Aaaah.
Dejé de preguntar y olvidé el asunto. La siguiente vez, alguien volvió a nombrar aquello y yo otra vez: ¿Pero qué es eso? Pueeees... puedes entrar y ver mis fotos. Aaaaah. ¿Pero no me las puedes enseñar tú? Pueeees... sí, pero te tienes que esperar a que nos veamos. Aaaah. O sea, como siempre. ¡Jo, tía, que no es lo mismo, métete y míralo! Y yo, ya veré.
Pero no ví y la cosa duró más o menos hasta estas navidades en que mis hermanos pasaron a la acción y directamente me abrieron una cuenta en el muy famoso y necesario para la vida "feisbuk". Me enseñaron lo de la guerra de pandillas (aún no sé cómo se le retuerce la mano a nadie, pero ya veré), lo de los amiguitos y lo de los ex compañeros del cole. Por ahí me empezó a interesar: de repente me mandaba mensajes para "ser amigos míos" gente que hacía unos 15 años que no había vuelto a ver. Y empecé a investigar a mis compañeros del cole... y un montón estaban por alli! Ahora estamos todos conectados, sabemos lo que hacen los otros y nos contamos cosas como si aún estuviéramos en 8º de EGB. Incluso han organizado una cena (los kilómetros me han impedido ir, que si no...).
Descubrí que lo de las fotos es importante para reconocer a las personas o saber qué ha sido de éste o de aquél, así que colgué una foto mía para que la gente pudiera reconocerme a partir de ahora sin mi diadema de tupé (ejém). Y empezó el resto de las historias: que si te haces fan de la "Princesa Prometida", que si te secuestra tu hermana y te lias a secuestrar a gente para conseguir puntos para devolvérselas todas juntas, que si haces comentarios en las páginas de tu antiguo cole, de tu grupo erasmus, de tu ex compi de la facultad que ahora trabaja en un gran banco (y yo aquí con estos pelos), de tu ex compi de los recreos que ahora es una actriz rubia, alta y delgada que no habrías sabido que conoces(jijiji), que si encuentras otra excusa para las coñitas con gente con la que hace siglos que tenéis que quedar pero que no contesta nunca al móvil... De repente has vuelto a localizar a casi 100 personas y ahí están, contestan a todos los mensajes, te pasan fotos, suben otras en las que no quieres ser reconocida... un éxito.
Así que nada, ya que esta semana estoy dispuesta a las confesiones, reconoceré que sí tengo feisbuk, que sí estoy enganchada y que he colgado fotos para que las veáis. Ahí es ná.
Hace algunos meses, descubrí con asombro que la gente empezaba a preguntarme cosas que yo no entendía, como cuando le intentas preguntar a tu abuelo si recibió el sms que le mandaste el sábado y él te mira como si fueras de otro planeta... pues lo mismo, pero siendo yo el abuelo.
Y lo que me preguntaban venía a ser: "¿Estás en feisbuk?" o "¿Tienes el feisbuk?". Y yo ahí considerando la posibilidad de sacar el significado por contexto, como intento enseñarles a mis alumnos y así les ha ido a los mayores, que me han contao en el examen una historia inventada mucho mejor que la de las aves del César, pero totalmente incorrecta de pies a cabeza... Pues yo ahí dubitativa: "estar en feisbuk" puede ser una frase hecha como "estar en la parra", "estar en obras", "estar entre Pinto y Valdemoro", "estar en frenesí", "estar en público"... claro que combinao con el verbo tener, pues puede ser una enfermedad: "¿estás enfermo?" va bien con "¿tienes la gripe?". Amos, que después de estas cortas reflexiones tendí a preguntar directamente, ya que, como bien es sabido, soy una mujer y a las mujeres no nos importa preguntar cuando vemos que no llegamos a ninguna parte con los propios medios...
Resulta que todos sabían lo que era, tenía que ver con Internet y estaban emocionados, pero ninguno podía explicarlo para mi inteligencia. Pero, ¿qué es exactamente? Pueeees... como una página que tienes en la que puedes meter fotos e invitar a tus amigos. Pero con mogollón de cosas más. Aaaaah. ¿Y qué cosas? Pueeees... depende de lo que te guste. Hay juegos entre la gente. Yo me he comprao ya un prostíbulo en la guerra de pandillas. Aaaah.
Dejé de preguntar y olvidé el asunto. La siguiente vez, alguien volvió a nombrar aquello y yo otra vez: ¿Pero qué es eso? Pueeees... puedes entrar y ver mis fotos. Aaaaah. ¿Pero no me las puedes enseñar tú? Pueeees... sí, pero te tienes que esperar a que nos veamos. Aaaah. O sea, como siempre. ¡Jo, tía, que no es lo mismo, métete y míralo! Y yo, ya veré.
Pero no ví y la cosa duró más o menos hasta estas navidades en que mis hermanos pasaron a la acción y directamente me abrieron una cuenta en el muy famoso y necesario para la vida "feisbuk". Me enseñaron lo de la guerra de pandillas (aún no sé cómo se le retuerce la mano a nadie, pero ya veré), lo de los amiguitos y lo de los ex compañeros del cole. Por ahí me empezó a interesar: de repente me mandaba mensajes para "ser amigos míos" gente que hacía unos 15 años que no había vuelto a ver. Y empecé a investigar a mis compañeros del cole... y un montón estaban por alli! Ahora estamos todos conectados, sabemos lo que hacen los otros y nos contamos cosas como si aún estuviéramos en 8º de EGB. Incluso han organizado una cena (los kilómetros me han impedido ir, que si no...).
Descubrí que lo de las fotos es importante para reconocer a las personas o saber qué ha sido de éste o de aquél, así que colgué una foto mía para que la gente pudiera reconocerme a partir de ahora sin mi diadema de tupé (ejém). Y empezó el resto de las historias: que si te haces fan de la "Princesa Prometida", que si te secuestra tu hermana y te lias a secuestrar a gente para conseguir puntos para devolvérselas todas juntas, que si haces comentarios en las páginas de tu antiguo cole, de tu grupo erasmus, de tu ex compi de la facultad que ahora trabaja en un gran banco (y yo aquí con estos pelos), de tu ex compi de los recreos que ahora es una actriz rubia, alta y delgada que no habrías sabido que conoces(jijiji), que si encuentras otra excusa para las coñitas con gente con la que hace siglos que tenéis que quedar pero que no contesta nunca al móvil... De repente has vuelto a localizar a casi 100 personas y ahí están, contestan a todos los mensajes, te pasan fotos, suben otras en las que no quieres ser reconocida... un éxito.
Así que nada, ya que esta semana estoy dispuesta a las confesiones, reconoceré que sí tengo feisbuk, que sí estoy enganchada y que he colgado fotos para que las veáis. Ahí es ná.
09/03/09
Cuidado con el ejcalón...
Bueno, después de cierto tiempo de maduración de la idea, ha llegado la hora de reconocer pública y virtualmente que me he apuntado a un lugar de esos en los que me cobran por lo que antes en el colegio odiaba hacer: correr, sudar, sufrir, trabajar los michelines... vamos, que me he apuntado a un gimnasio este año y aunque no puedo ir mucho, algo voy. Notar, no noto nada salvo una cierta satisfacción por no haber estado sentada toda la tarde desde que llego a casa...
Por otra parte, he de comentaros que esto de la gimnasia ha cambiado bastante desde que tuve mi primer contacto con el mundillo. Al principio lo máximo eran las espalderas colgadas en las paredes de la sala dedicada a la siguiente hora de sufrimiento y, si acaso, las inmensas colchonetas, que me molaban bastante pero que no indicaban mejoría alguna en el plan, pues se usaban de cualquier otra forma a como yo las usaría. Al cabo del tiempo descubrías al fondo, casi fundidos con la pared, unos artilugios como el potro y la barra, pero vamos, que para una vez que te iban a hacer pasar por encima en todo el año tampoco es que te lo tomases muy en serio.
Después del colegio llegó el instituto, con novedades como los balones medicinales (o también conocidos como pelotas-super-pesadas, que nunca he entendido muy bien cómo puede ser medicinal una bola que parece super inocente y que te preparas para botar o patear y resulta ser un elemento de tortura para tu rabadilla o dedo gordo del pie, según el caso, que parecen trampa digna de cierto pajarito cabezón y amarillo con una vena sádica que...), la soga colgada del techo, la red de bádminton, la indiaca... elementos que le aportaban a todo el tema un algo entretenido y vivaracho que no dejaba de agradar, aunque luego hubiese que salir de clase, ducharse, cambiarse de ropa, acicalarse y llegar a la siguiente en sólo 5 minutos...
Cuando llegué a aquel odiado segundo de bachillerato lo de la gimnasia murió para mí, al menos de aquella forma. Continué sudando y sufriendo regularmente tres días a la semana, pero la cuestión no era tan agobiante (no había notas) ni tan poco divertida porque había un objetivo (darle a la pelotita para que pasase al otro campo por encima de la red al tercer toque), cosa que siempre he necesitado para distraerme de la desagradable sensación de "no puedo respirar" o "no siento las piennas" o " el flato me está matando". Y que lo hacía de manera voluntaria y ya desde hacía tantos años que no me apetecía dejarlo ahora que parecía que se me empezaba a dar bien ;)
El (no tan) esperado reencuentro llegó cuando, al cabo de algunos años, me fui de Erasmus a un país extranjero y empezó la cosa de "mantenerse en forma" a estar de moda, y como era totalmente gratis en la uni, ¿por qué no? Así que había que asomarse con las amigas, a ver cómo se entretenían los estudiantes alemanes en los ratos de ocio. Era la época en la que descubrí lo que me gustaba el aerobic: maravillosa opción en la que hay un elemento esencial que lo distingue de cualquier otra modalidad: CON MÚSICA?!?! GENIAL!! Era como la discoteca pero cualquier día de la semana. Volvemos a ese elemento distractor de lo que es el odiado "deporte en sí": el ritmillo, la música, que era justo la que me gustaba bailar si tenía suerte, la gracia de ver a todos haciendo lo mismo a la vez como si del Saturday Night de mi juventud se tratara... La verdad, y siendo sincera, la risa que me daba cuando no entendía ni jota a la monitora, todos iban para un lado menos 4 gañanes que nos íbamos de varas para el otro, el típico tío tirillas que se mete a algo que le supera pero que lleva puesto todo el equipo y se entrega con tesón sin límite, y demás momentos assurdos que esta modalidad deportiva ofrece a todo ser alegre y dicharachero... aquella risa en la que no sólo te duele el estómago de tanto reírte, sino que está prohibida, con lo cual te duelen las bolitas de contenerte, los pinchazos en el costaíllo te escalabran y las lagrimillas te resbalan sin ton ni son, no me permitía hacer todos los movimientos como la monitora se hubiera merecido que lo hiciera... pero bueno, como éramos las españolas del final, reconocidas mundialmente por pertenecer a un pueblo de alegres vividores sin preocupación ninguna, en cuyo país siempre brilla el sol... pues tampoco se rebotaba ni nada.
Volví a casa y me dediqué con más ahínco que nunca al volley, pero fue inevitable que cuando volví a Alemania una de las primeras cosas que hice fue pasarme por el Uni Sport a ver qué se movía. Y vaya si se movían cosas... Me metía a darle a la pelota y al aerobic alternativamente según quién fuera, y me lo pasaba bien. Pero luego tenían también un timo para aquellos incautos que se apuntan a un bombardeo que se llamaba "fitness". La historia es que también era con musiquilla y tú te confiabas, pero era como el deporte del cole (o peor), con dos modalidades diferentes: aquellos circuitos interminables que sólo constan de la eterna repetición de los mismos dolores, u hora y media corriendo sin parar. Estas novedades no me gustaron demasiado y pronto dejaron de verme por allí, si acaso iba a la maravillosa "gimnasia para mujeres", creada por un misógino para recordar a toda mujer que se apunta que, da igual cuánta esperanza tenga en reducir sus zonas "problemáticas", éstas nunca se reducirán por más que duelan. Y una se sorprende cada día de lo mucho que la grasa puede doler.
Bueno, desde entonces las cosas han vuelto a cambiar bastante: desde que vivo en este país, las cosas han dejado de ser gratis (espero no haber tenido nada que ver en el asunto, aunque mosquear, mosquea), y además ya no soy estudiante (ooooyoyoyoy), así que nada de Uni Sport. Lo de correr por la calle es algo que no me va, lo de salir cuando llueve o hace frío tampoco (o sea, 300 días al año tengo que sobreponerme a ello si quiero hacer algo que valga la pena y que no sea ir a currar), así que me estaba convirtiendo en una especie de ermitaña con gafas y boli rojo en las manos que observa su falta de movimiento y come para olvidarse... así que no me quedaba otra. La cuestión es que ahora he pasado a pertenecer a un grupo privilegiado de la sociedad de los que "van al gimnasio". Ahora salgo con mis leggings y mi botella de agua, mi toalla, mi neceser y el resto del equipamiento, llego al lugar L que tiene suelos de parquet, miles de aparatos que no sé usar, unos vestuarios como 5 veces mi casa, una sauna (para disimular que vas ahí a sufrir, te lo disfrazan de wellness), espejos y secadores por doquier, unas salas llenas de movidones que aún no sé para qué serán pero que ahí están, observándome desde que llego... y los escalones. No es una escalera, no. Son escalones separados. Es un elemento muy apreciado para una cosa que he descubierto ahora (a esta madura edad, ejém): el "step".
Y es que antes tú te ponías ante una escalera, suspirabas e intentabas subirla con la mayor dignidad y optimizando el esfuerzo para que pasase o lo más rápido o con el menor sufrimiento posibles. La subías, y a otra cosa. Ahora no, ahora vas al gimnasio y ahí cada uno tiene un trocito de esa escalera para él solo, personal e intransferible; un escalón propio para subirlo y bajarlo, y volver a subirlo y volverlo a bajar, ahora con un pie, ahora con los dos, alternativamente, nos subimos completamente, hacemos figuritas, damos vueltas, saltitos, nos bajamos sólo con un pie, ahora sí, ahora no... todo esto a una velocidad comparable a cuando llegas tarde al tren y te lanzas de cabeza contra el escalón; velocidad que marca una energúmena en otro escalón subido a un pequeño escenario delante de todos con un micrófono como el de la Spears para poderte meter caña desde arriba y a todo volumen, diciéndote cosas ininteligibles "enapennnndaun!!" o "sambachacha", o "KICKIIIIT!!!". Yo recuerdo que antes, si no me daba la risa, podía seguir una clase de aerobic sin mayores problemas. Ahora no tengo tiempo ni para que me dé la risa. Con esto del step es imposible no perderse 3 o 4 veces cada cuarto de hora. Me pregunto cuánto tiempo han necesitado el resto, y no olvidemos que son alemanes y eso del ritmo lo han tenido que aprender e integrar en sus cerebros como las derivadas en el cole, para conseguir mantenerle el ritmo a la loca esa del micrófono que no hace más que fliparse cada vez más y decir más y más cosas ininteligibles una detrás de la otra sin inmutarse. Y luego va y las repite todas en orden... y la gente se acuerda!! Yo qué sé qué venía después de la patada con la derecha después de haberme subido y haber incrustado rodilla con repeat con la izquierda tres veces antes de subir los brazos mientras hacía la rueda subida al escalón!?!?!?!?! Si yo lo único que estoy pensando es que ya no me quedan pulmones después de sólo cuarto de hora y me estoy planteando la mejor manera de no caer sin sentido antes de que acabe la clase, dentro de tres veces el tiempo que llevamos subiendo y bajando el escalón!!!!
En fin, que yo creo que esta fase de gimnasio va a ser la última en mi vida de persona motivada y sana y deportista, porque viendo el desarrollo de los acontecimientos, me da miedín lo que pueda surgir en los próximos años a este respecto... aprovecharé cuando vaya a casa para alquilarme un bote en el lago de El Retiro y remar un poquito, y ya. Un besote a todos, hasta otra.
Bueno, después de cierto tiempo de maduración de la idea, ha llegado la hora de reconocer pública y virtualmente que me he apuntado a un lugar de esos en los que me cobran por lo que antes en el colegio odiaba hacer: correr, sudar, sufrir, trabajar los michelines... vamos, que me he apuntado a un gimnasio este año y aunque no puedo ir mucho, algo voy. Notar, no noto nada salvo una cierta satisfacción por no haber estado sentada toda la tarde desde que llego a casa...
Por otra parte, he de comentaros que esto de la gimnasia ha cambiado bastante desde que tuve mi primer contacto con el mundillo. Al principio lo máximo eran las espalderas colgadas en las paredes de la sala dedicada a la siguiente hora de sufrimiento y, si acaso, las inmensas colchonetas, que me molaban bastante pero que no indicaban mejoría alguna en el plan, pues se usaban de cualquier otra forma a como yo las usaría. Al cabo del tiempo descubrías al fondo, casi fundidos con la pared, unos artilugios como el potro y la barra, pero vamos, que para una vez que te iban a hacer pasar por encima en todo el año tampoco es que te lo tomases muy en serio.
Después del colegio llegó el instituto, con novedades como los balones medicinales (o también conocidos como pelotas-super-pesadas, que nunca he entendido muy bien cómo puede ser medicinal una bola que parece super inocente y que te preparas para botar o patear y resulta ser un elemento de tortura para tu rabadilla o dedo gordo del pie, según el caso, que parecen trampa digna de cierto pajarito cabezón y amarillo con una vena sádica que...), la soga colgada del techo, la red de bádminton, la indiaca... elementos que le aportaban a todo el tema un algo entretenido y vivaracho que no dejaba de agradar, aunque luego hubiese que salir de clase, ducharse, cambiarse de ropa, acicalarse y llegar a la siguiente en sólo 5 minutos...
Cuando llegué a aquel odiado segundo de bachillerato lo de la gimnasia murió para mí, al menos de aquella forma. Continué sudando y sufriendo regularmente tres días a la semana, pero la cuestión no era tan agobiante (no había notas) ni tan poco divertida porque había un objetivo (darle a la pelotita para que pasase al otro campo por encima de la red al tercer toque), cosa que siempre he necesitado para distraerme de la desagradable sensación de "no puedo respirar" o "no siento las piennas" o " el flato me está matando". Y que lo hacía de manera voluntaria y ya desde hacía tantos años que no me apetecía dejarlo ahora que parecía que se me empezaba a dar bien ;)
El (no tan) esperado reencuentro llegó cuando, al cabo de algunos años, me fui de Erasmus a un país extranjero y empezó la cosa de "mantenerse en forma" a estar de moda, y como era totalmente gratis en la uni, ¿por qué no? Así que había que asomarse con las amigas, a ver cómo se entretenían los estudiantes alemanes en los ratos de ocio. Era la época en la que descubrí lo que me gustaba el aerobic: maravillosa opción en la que hay un elemento esencial que lo distingue de cualquier otra modalidad: CON MÚSICA?!?! GENIAL!! Era como la discoteca pero cualquier día de la semana. Volvemos a ese elemento distractor de lo que es el odiado "deporte en sí": el ritmillo, la música, que era justo la que me gustaba bailar si tenía suerte, la gracia de ver a todos haciendo lo mismo a la vez como si del Saturday Night de mi juventud se tratara... La verdad, y siendo sincera, la risa que me daba cuando no entendía ni jota a la monitora, todos iban para un lado menos 4 gañanes que nos íbamos de varas para el otro, el típico tío tirillas que se mete a algo que le supera pero que lleva puesto todo el equipo y se entrega con tesón sin límite, y demás momentos assurdos que esta modalidad deportiva ofrece a todo ser alegre y dicharachero... aquella risa en la que no sólo te duele el estómago de tanto reírte, sino que está prohibida, con lo cual te duelen las bolitas de contenerte, los pinchazos en el costaíllo te escalabran y las lagrimillas te resbalan sin ton ni son, no me permitía hacer todos los movimientos como la monitora se hubiera merecido que lo hiciera... pero bueno, como éramos las españolas del final, reconocidas mundialmente por pertenecer a un pueblo de alegres vividores sin preocupación ninguna, en cuyo país siempre brilla el sol... pues tampoco se rebotaba ni nada.
Volví a casa y me dediqué con más ahínco que nunca al volley, pero fue inevitable que cuando volví a Alemania una de las primeras cosas que hice fue pasarme por el Uni Sport a ver qué se movía. Y vaya si se movían cosas... Me metía a darle a la pelota y al aerobic alternativamente según quién fuera, y me lo pasaba bien. Pero luego tenían también un timo para aquellos incautos que se apuntan a un bombardeo que se llamaba "fitness". La historia es que también era con musiquilla y tú te confiabas, pero era como el deporte del cole (o peor), con dos modalidades diferentes: aquellos circuitos interminables que sólo constan de la eterna repetición de los mismos dolores, u hora y media corriendo sin parar. Estas novedades no me gustaron demasiado y pronto dejaron de verme por allí, si acaso iba a la maravillosa "gimnasia para mujeres", creada por un misógino para recordar a toda mujer que se apunta que, da igual cuánta esperanza tenga en reducir sus zonas "problemáticas", éstas nunca se reducirán por más que duelan. Y una se sorprende cada día de lo mucho que la grasa puede doler.
Bueno, desde entonces las cosas han vuelto a cambiar bastante: desde que vivo en este país, las cosas han dejado de ser gratis (espero no haber tenido nada que ver en el asunto, aunque mosquear, mosquea), y además ya no soy estudiante (ooooyoyoyoy), así que nada de Uni Sport. Lo de correr por la calle es algo que no me va, lo de salir cuando llueve o hace frío tampoco (o sea, 300 días al año tengo que sobreponerme a ello si quiero hacer algo que valga la pena y que no sea ir a currar), así que me estaba convirtiendo en una especie de ermitaña con gafas y boli rojo en las manos que observa su falta de movimiento y come para olvidarse... así que no me quedaba otra. La cuestión es que ahora he pasado a pertenecer a un grupo privilegiado de la sociedad de los que "van al gimnasio". Ahora salgo con mis leggings y mi botella de agua, mi toalla, mi neceser y el resto del equipamiento, llego al lugar L que tiene suelos de parquet, miles de aparatos que no sé usar, unos vestuarios como 5 veces mi casa, una sauna (para disimular que vas ahí a sufrir, te lo disfrazan de wellness), espejos y secadores por doquier, unas salas llenas de movidones que aún no sé para qué serán pero que ahí están, observándome desde que llego... y los escalones. No es una escalera, no. Son escalones separados. Es un elemento muy apreciado para una cosa que he descubierto ahora (a esta madura edad, ejém): el "step".
Y es que antes tú te ponías ante una escalera, suspirabas e intentabas subirla con la mayor dignidad y optimizando el esfuerzo para que pasase o lo más rápido o con el menor sufrimiento posibles. La subías, y a otra cosa. Ahora no, ahora vas al gimnasio y ahí cada uno tiene un trocito de esa escalera para él solo, personal e intransferible; un escalón propio para subirlo y bajarlo, y volver a subirlo y volverlo a bajar, ahora con un pie, ahora con los dos, alternativamente, nos subimos completamente, hacemos figuritas, damos vueltas, saltitos, nos bajamos sólo con un pie, ahora sí, ahora no... todo esto a una velocidad comparable a cuando llegas tarde al tren y te lanzas de cabeza contra el escalón; velocidad que marca una energúmena en otro escalón subido a un pequeño escenario delante de todos con un micrófono como el de la Spears para poderte meter caña desde arriba y a todo volumen, diciéndote cosas ininteligibles "enapennnndaun!!" o "sambachacha", o "KICKIIIIT!!!". Yo recuerdo que antes, si no me daba la risa, podía seguir una clase de aerobic sin mayores problemas. Ahora no tengo tiempo ni para que me dé la risa. Con esto del step es imposible no perderse 3 o 4 veces cada cuarto de hora. Me pregunto cuánto tiempo han necesitado el resto, y no olvidemos que son alemanes y eso del ritmo lo han tenido que aprender e integrar en sus cerebros como las derivadas en el cole, para conseguir mantenerle el ritmo a la loca esa del micrófono que no hace más que fliparse cada vez más y decir más y más cosas ininteligibles una detrás de la otra sin inmutarse. Y luego va y las repite todas en orden... y la gente se acuerda!! Yo qué sé qué venía después de la patada con la derecha después de haberme subido y haber incrustado rodilla con repeat con la izquierda tres veces antes de subir los brazos mientras hacía la rueda subida al escalón!?!?!?!?! Si yo lo único que estoy pensando es que ya no me quedan pulmones después de sólo cuarto de hora y me estoy planteando la mejor manera de no caer sin sentido antes de que acabe la clase, dentro de tres veces el tiempo que llevamos subiendo y bajando el escalón!!!!
En fin, que yo creo que esta fase de gimnasio va a ser la última en mi vida de persona motivada y sana y deportista, porque viendo el desarrollo de los acontecimientos, me da miedín lo que pueda surgir en los próximos años a este respecto... aprovecharé cuando vaya a casa para alquilarme un bote en el lago de El Retiro y remar un poquito, y ya. Un besote a todos, hasta otra.
06/02/09
Malinchismo
Hola a todos. Uno de los maravillosos temas que entran en el examen de español de la Selectividad alemana es la conquista de México y la Malinche. Si dejamos aparte el tema de los jóvenes en Europa (donde uno de los aspectos que se ven es el fenómeno "botellón", que siempre les distrae y les divierte), es uno de los temas más "light" por aquello de la distancia histórica, no por lo alegre del acontecimiento en sí (ya os contaré el resto de los temas, que no me extraña que los pobres pierdan el interés por el español porque vaya depresión ir todos los días a clase a que te cuenten problemas mundiales, injusticias sociales y demás). Por cierto, ¿alguien ha sabido a ciencia cierta qué es la Malinche y qué tiene que ver con Cortés? Pues los alemanes son expertos y creo que se piensan que todo el mundo hispanohablante también. Es curioso porque, aunque sea un poco triste darme cuenta de mi ignorancia de figuras y momentos clave del Descubrimiento a estas alturas (y eso que cuando el quinto centenario ahí estaba yo en el cole, leyendo artículos y artículos, haciendo pósters y demás), he de reconocer que tuve que viajar a este país para enterarme de quién fue la Malinche. Endevé...
Na, este es cortito, era solo para cerciorarme de si estoy sola en mi ignorancia o encuentro ecos de no-saber en quienes aún se leen esto. Por otra parte, así os informáis, enga.
Hola a todos. Uno de los maravillosos temas que entran en el examen de español de la Selectividad alemana es la conquista de México y la Malinche. Si dejamos aparte el tema de los jóvenes en Europa (donde uno de los aspectos que se ven es el fenómeno "botellón", que siempre les distrae y les divierte), es uno de los temas más "light" por aquello de la distancia histórica, no por lo alegre del acontecimiento en sí (ya os contaré el resto de los temas, que no me extraña que los pobres pierdan el interés por el español porque vaya depresión ir todos los días a clase a que te cuenten problemas mundiales, injusticias sociales y demás). Por cierto, ¿alguien ha sabido a ciencia cierta qué es la Malinche y qué tiene que ver con Cortés? Pues los alemanes son expertos y creo que se piensan que todo el mundo hispanohablante también. Es curioso porque, aunque sea un poco triste darme cuenta de mi ignorancia de figuras y momentos clave del Descubrimiento a estas alturas (y eso que cuando el quinto centenario ahí estaba yo en el cole, leyendo artículos y artículos, haciendo pósters y demás), he de reconocer que tuve que viajar a este país para enterarme de quién fue la Malinche. Endevé...
Na, este es cortito, era solo para cerciorarme de si estoy sola en mi ignorancia o encuentro ecos de no-saber en quienes aún se leen esto. Por otra parte, así os informáis, enga.
23/01/09
Ahora tocan las bonitas y divertidas

Me siento un poco mal de haberos transmitido solo impresiones negativas del cole y de sus "usuarios", jeje. Tenéis que entender que la lucha diaria marca mucho y hay días (o épocas) de frustración máxima de la muette en las que me pregunto por qué no me habré metido al módulo pitiflús de carpintera y me habría dejado de historias. Evidentemente, soy consciente de que si hubiera hecho eso, además de haber perdido al menos 4 dedos de la mano, 3 del pie y un ojo, estaría ahora muy frustrada y probablemente estudiando alguna carrera que me dejaría otra vez en este punto en el que estoy, así que tampoco hay que alarmarse.
Por supuesto, en el cole también hay puntos positivos: cuando los chavales te vienen comentando lo que moló el otro día tal o cual cosa, o cuando les oyes practicar las horas entre ellos sin pedírselo, o cuando se acercan después de clase y te dicen que les ha gustado y que no me preocupe por los pesados de turno, que son así pero no es por mí ni por lo que hago que sean taaaan pedorros, o cuando van tarareando la canción que visteis el otro día (se saben la del clandestino que no veas)... entonces te sale una lagrimilla interior en la comisura del ojo del ventrículo derecho y... Incluso los malos malosos de la clase 12 son en realidad muy graciosos de uno en uno, lo malo es que cuando se juntan no hay por dónde cogerlos.
Pero estos de los que hablo son los mayores y ya se puede razonar bastante bien con ellos, con lo cual no entrarían en el grupo de los "niños", de los chiquitines, que son los que me ponen más nerviosa a veces porque no se puede hablar como con los otros aunque te intenten llevar la contraria para protegerse. Pero la verdad es que los niños, los chiquitines, a pesar de que no me hagan mucho chiste normalmente, no dejan de tener su gracia en clase en determinados momentos. Por ejemplo, al principio de este curso estuve en una clase de los más pequeñitos donde la mayoría chinchaban a uno que parecía que estaba en babia (en realidad, tiene Asperger, según han dicho los médicos hace poco) y se ponía como una locomotora cada vez que se rebotaba porque éste o aquél le decían cualquier tontería. Uno de los días, cuando llegué a clase el susodicho estaba chillando y llorando que se iba a cargar al otro, y mientras el resto sujetaba al histérico, el otro se reía en una esquina. Entonces, tranquilicé al primero y cuando saqué al "malvado" al pasillo para hablar conmigo a solas, le dije que por qué hacía eso, que estaba muy mal hacer daño aposta a alguien que sabes que es más débil que tú y blablabla (le eché una pequeña charla como corresponde a la profe buena y comprensiva que soy, ejém), y le dije:
- Yo pensé que tú eras un chico majo, ¿o es que no lo eres?
Y el chaval necesitó unos segundos de reflexión (pero que de verdad sopesó si es que se podía decir que él que es majo) y me soltó:
- Hmmm... en realidad sí y sé que no debería hacerlo, ¡pero es que a veces no puedo evitarlo!
¡Si es que no lo podía controlar, el pobre! Casi exploto ahí mismo de la risa y lo mandé a sentarse después de decirle todo lo seria que pude que intentase controlarse y que yo sabía que era bien majo y que seguro que lo podía demostrar. Él me dijo que vale, que lo iba a intentar de verdad, y se fue a su sitio muy convencido de su propósito de enmienda y no volví a tener que echarle ninguna charla más.
Y es que los chavales aquí tienen una sinceridad que a veces me pasma. Otro día hice una ronda de ruegos y preguntas en mi 6° conflictivo para que me dijeran qué no les gustaba de la clase y qué se podía mejorar. Y una niña levanta la mano y dice "a lo mejor es que usted no es suficientemente severa con nosotros". Y lanzo mi sorprendida mirada al resto y me encuentro a la mayoría asintiendo con la cabeza, como diciendo "si es que nos portamos muy mal..." De repente, los chavales empezaron a proponer castigos más severos para los que se portasen mal - ¡los que normalmente se portaban mal también! Yo no sé si en alguna de mis clases, cuando yo iba al cole, eso habría sido posible, pero lo dudo mucho.
También es duro cuando termina el curso y te tienes que ir. Ahí se demuestra que los que peor se portaron contigo, los más pesados y rebotones (ya sé que no existe la palabra pero algún neologismo que otro es una licencia de autor...), cuando llega el momento de la despedida son los que más tristes están y los que "parece" que se arrepienten de sus actos. Me acuerdo de uno que era como un rabo de lagartija que, al finalizar el año en mi cole de Alpedrete no me soltaba el día de fin de curso y me dio su dirección de E-mail e incluso me escribió un par de veces. Hace poco, pillé una nota que había escrito una alumna en la que digamos que se metían conmigo de manera poco elegante y bastante hosca. Yo había dicho en la clase que como pillara notitas, las iba a colgar del corcho para que todos pudieran leerlas. Y claro, ésta también la colgué. Toda la clase se acercó corriendo al corcho a ver qué ponía y se empezaron a reir, menos una niña que se puso a llamar al orden a sus compañeros y a decir que eso no tenía gracia y qué pasaría si a ellos les pasara lo mismo. De primeras, ya la mitad de la clase se sumergió en un arrepentimiento precoz, pero lo mejor fue que, después de pedirme perdón y decirme que sólo había dibujado lo que el de al lado le decía y que no me había querido hacer daño, la niña me escribió una nota poniendo que no le parecía suficiente habérmelo dicho y que no quería ofenderme y que esperaba que yo aceptase sus disculpas, con unos dibujos muy elocuentes y muchas faltas de ortografía. A mí me hizo tanta gracia que le escribí otra con otros dibujitos, para hacer las paces, jajajaa.
Bueno, a esto se suman multitud de momentos assurdos en clase que me parto de cosas que dicen, lo malo es que de ésas no me suelo acordar. Como el día en que me preguntaron cómo se decía "podría vomitar" y cada vez que les toca hacer un ejercicio para el que no tienen ganas, lo dicen con una precisión que alucina (éstos son ya los mayores, conste, que si no no se lo hubiera dicho). O cuando me saludan todos en español por los pasillos y cuando yo les digo el esperado "¿Qué tal?" siempre me endosan su "Fataaaaaal" o "Ni fu ni fa", porque saben que me parto cada vez.
En fins, que para qué lo vamos a negar, que me gusta mi trabajo pero siempre te desahogas más con las cosas negativas, ¿no? Pues eso. Voy a ver si me preparo las clases para la semana que viene, que empieza la segunda mitad del curso (aquí van por mitades, y cada mitad tiene dos cuartales). Un besote y hasta dentro de poco (espero)
Me siento un poco mal de haberos transmitido solo impresiones negativas del cole y de sus "usuarios", jeje. Tenéis que entender que la lucha diaria marca mucho y hay días (o épocas) de frustración máxima de la muette en las que me pregunto por qué no me habré metido al módulo pitiflús de carpintera y me habría dejado de historias. Evidentemente, soy consciente de que si hubiera hecho eso, además de haber perdido al menos 4 dedos de la mano, 3 del pie y un ojo, estaría ahora muy frustrada y probablemente estudiando alguna carrera que me dejaría otra vez en este punto en el que estoy, así que tampoco hay que alarmarse.
Por supuesto, en el cole también hay puntos positivos: cuando los chavales te vienen comentando lo que moló el otro día tal o cual cosa, o cuando les oyes practicar las horas entre ellos sin pedírselo, o cuando se acercan después de clase y te dicen que les ha gustado y que no me preocupe por los pesados de turno, que son así pero no es por mí ni por lo que hago que sean taaaan pedorros, o cuando van tarareando la canción que visteis el otro día (se saben la del clandestino que no veas)... entonces te sale una lagrimilla interior en la comisura del ojo del ventrículo derecho y... Incluso los malos malosos de la clase 12 son en realidad muy graciosos de uno en uno, lo malo es que cuando se juntan no hay por dónde cogerlos.
Pero estos de los que hablo son los mayores y ya se puede razonar bastante bien con ellos, con lo cual no entrarían en el grupo de los "niños", de los chiquitines, que son los que me ponen más nerviosa a veces porque no se puede hablar como con los otros aunque te intenten llevar la contraria para protegerse. Pero la verdad es que los niños, los chiquitines, a pesar de que no me hagan mucho chiste normalmente, no dejan de tener su gracia en clase en determinados momentos. Por ejemplo, al principio de este curso estuve en una clase de los más pequeñitos donde la mayoría chinchaban a uno que parecía que estaba en babia (en realidad, tiene Asperger, según han dicho los médicos hace poco) y se ponía como una locomotora cada vez que se rebotaba porque éste o aquél le decían cualquier tontería. Uno de los días, cuando llegué a clase el susodicho estaba chillando y llorando que se iba a cargar al otro, y mientras el resto sujetaba al histérico, el otro se reía en una esquina. Entonces, tranquilicé al primero y cuando saqué al "malvado" al pasillo para hablar conmigo a solas, le dije que por qué hacía eso, que estaba muy mal hacer daño aposta a alguien que sabes que es más débil que tú y blablabla (le eché una pequeña charla como corresponde a la profe buena y comprensiva que soy, ejém), y le dije:
- Yo pensé que tú eras un chico majo, ¿o es que no lo eres?
Y el chaval necesitó unos segundos de reflexión (pero que de verdad sopesó si es que se podía decir que él que es majo) y me soltó:
- Hmmm... en realidad sí y sé que no debería hacerlo, ¡pero es que a veces no puedo evitarlo!
¡Si es que no lo podía controlar, el pobre! Casi exploto ahí mismo de la risa y lo mandé a sentarse después de decirle todo lo seria que pude que intentase controlarse y que yo sabía que era bien majo y que seguro que lo podía demostrar. Él me dijo que vale, que lo iba a intentar de verdad, y se fue a su sitio muy convencido de su propósito de enmienda y no volví a tener que echarle ninguna charla más.
Y es que los chavales aquí tienen una sinceridad que a veces me pasma. Otro día hice una ronda de ruegos y preguntas en mi 6° conflictivo para que me dijeran qué no les gustaba de la clase y qué se podía mejorar. Y una niña levanta la mano y dice "a lo mejor es que usted no es suficientemente severa con nosotros". Y lanzo mi sorprendida mirada al resto y me encuentro a la mayoría asintiendo con la cabeza, como diciendo "si es que nos portamos muy mal..." De repente, los chavales empezaron a proponer castigos más severos para los que se portasen mal - ¡los que normalmente se portaban mal también! Yo no sé si en alguna de mis clases, cuando yo iba al cole, eso habría sido posible, pero lo dudo mucho.
También es duro cuando termina el curso y te tienes que ir. Ahí se demuestra que los que peor se portaron contigo, los más pesados y rebotones (ya sé que no existe la palabra pero algún neologismo que otro es una licencia de autor...), cuando llega el momento de la despedida son los que más tristes están y los que "parece" que se arrepienten de sus actos. Me acuerdo de uno que era como un rabo de lagartija que, al finalizar el año en mi cole de Alpedrete no me soltaba el día de fin de curso y me dio su dirección de E-mail e incluso me escribió un par de veces. Hace poco, pillé una nota que había escrito una alumna en la que digamos que se metían conmigo de manera poco elegante y bastante hosca. Yo había dicho en la clase que como pillara notitas, las iba a colgar del corcho para que todos pudieran leerlas. Y claro, ésta también la colgué. Toda la clase se acercó corriendo al corcho a ver qué ponía y se empezaron a reir, menos una niña que se puso a llamar al orden a sus compañeros y a decir que eso no tenía gracia y qué pasaría si a ellos les pasara lo mismo. De primeras, ya la mitad de la clase se sumergió en un arrepentimiento precoz, pero lo mejor fue que, después de pedirme perdón y decirme que sólo había dibujado lo que el de al lado le decía y que no me había querido hacer daño, la niña me escribió una nota poniendo que no le parecía suficiente habérmelo dicho y que no quería ofenderme y que esperaba que yo aceptase sus disculpas, con unos dibujos muy elocuentes y muchas faltas de ortografía. A mí me hizo tanta gracia que le escribí otra con otros dibujitos, para hacer las paces, jajajaa.
Bueno, a esto se suman multitud de momentos assurdos en clase que me parto de cosas que dicen, lo malo es que de ésas no me suelo acordar. Como el día en que me preguntaron cómo se decía "podría vomitar" y cada vez que les toca hacer un ejercicio para el que no tienen ganas, lo dicen con una precisión que alucina (éstos son ya los mayores, conste, que si no no se lo hubiera dicho). O cuando me saludan todos en español por los pasillos y cuando yo les digo el esperado "¿Qué tal?" siempre me endosan su "Fataaaaaal" o "Ni fu ni fa", porque saben que me parto cada vez.
En fins, que para qué lo vamos a negar, que me gusta mi trabajo pero siempre te desahogas más con las cosas negativas, ¿no? Pues eso. Voy a ver si me preparo las clases para la semana que viene, que empieza la segunda mitad del curso (aquí van por mitades, y cada mitad tiene dos cuartales). Un besote y hasta dentro de poco (espero)
17/01/09
Niños, jóvenes "pubertarios", estrés y más niños...
No os lo vais a creer, pero yo tuve una época, hasta los 17 años más o menos, en que me gustaban los niños. Y los veía y me hacían gracia, y si conocía a los padres los cogía en brazos, jugaba con ellos y me los conseguía ganar para que fueran adorables... Bueno, pues esa época está muy, pero que muy lejos, ya que ciertos acontecimientos en mi vida alejaron de mí aquel sentimiento maternal y me acercaron más a comprender a mi padre cuando, a mi muy tierna edad, me hizo la confesión de que no le gustaban los niños (cosa que me dejó unos segundos sin respiración hasta que añadió la frase salvadora: "sólo los míos"Uff.).
Una de esas cosas es, lamentablemente, haber trabajado en un colegio en España. A mi me gusta mucho enseñar cosas que parecen incomprensibles, contar historias, ayudar a resolver problemas, aclarar dudas... me encanta ser profesora, pero (y todo tiene un pero en esta vida assurda) no me gustan demasiado los niños. Y menos los niños histéricos, gritones, puñeteros o violentos. Quizá un poco cuando tienen chispa, o se alegran de verte, o tienen el día tonto y se portan bien. O bueno, si lloran tampoco puedo soportarlo y se me deshace el alma en pedacitos. O si son niños de mis amigas, pequeñines y tiernos, entonces vale: tengo momentos de babeo máximo y se me derrite el corazón de riquines que son. Incluso podría reconocer cierta debilidad por éste o aquél. Pero dejando aparte esta experiencia reveladora que me ayuda a mantener las puertas de una futura maternidad al menos entornadas, no, no me gustan demasiado. Y esta experiencia se ha visto reforzada al empezar mi trabajo en un instituto alemán.
Os lo voy a contar y así comprenderéis también el por qué desde agosto no he vuelto a escribir... (Aunque ya pensé en escribiros cuando llevaba dos semanas de aventuras, pero como no vi yo mucho impacto de mis posts, pensé que nadie lo leía... que nooo, retiro lo dicho. No, también estaba hecha polvo (expresión que acabo de enseñar a mis principiantes y les ha gustado casi tanto como contestar un sentido "fataaaaal" cada vez que les pregunto el típico "¿Qué tal?" al empezar una clase), siejke no veáis cómo dehgasta el instituto... Al final, cuando conseguía levantarme de la cama (taaaarde) el finde me ponía a preparar cosas para la siguiente semana y ná, se me pasó un finde (también se lo he enseñao: "¿Qué tal el finde?" Me hace una gracia cuando lo dicen...jijiji) y otro finde, y otro finde... Hasta llegar a estas tesituras, medio año después, que se dice pronto).
Bueno, ¿por dónde empezar? Digamos que la primera semana fue lo más horrible que me ha pasao a nivel profesional en años y años. Fue peor que la primera clase que di, que tuve que repasar los pronombres personales de objeto directo e indirecto y fue un infienno... Fue peor que aquella vez que intenté que un grupo de adorables abueletes leyeran un texto sobre los Paradores Nacionales de más de 20 líneas. Definitivamente, fue peor que la primera vez que intenté explicar qué leches es eso del subjuntivo, y peor aún que aquella vez que una señora de muy mala leche se cerró en banda en una audición y no había manera de que se relajase y me dijera alguna palabra de las que entendía (que era imposible que no entendiera al menos una). Fue infinitamente más horrible que cuando otra señora se me apuntó al seminario "los éxitos del verano" sin poder siquiera presentarse, porque "como ya sabía español su marido, le podía ayudar...". Fue mucho peor porque fue un cúmulo de esas situaciones, pero de corrido durante toda la semana. Intentaré jomentarlo un poco más (jo, hay que ver todo lo que he ejkrito sin llegar al grano todavía):
Aquel día llegué pensando que tan horrible no iba a ser, porque por el momento y hasta que me incrustaran las clases de alemán (toma ya, diréis vosotros, más chula que un ocho es la assurda, clases de alemán en Alemania... que nooo, que son clases para niños de padres inmigrantes) sólo tenía una hora (de 45 minutos) en 6º de inglés (11 tiernos añitos, diréis vosotros, pan comido para Mari... JA!). Llegué incluso una hora antes para hacerme con el lugar. Lo primero, es que una está más que confusa cuando al fin encuentra la sala de profesores en un cole con varios edificios en el que nadie repara en una, y cuando entra se encuentra con más de noventa compañeros de los que no se sabe el nombre, no se sabe el apellido, no se sabe qué asignaturas dan (cada uno da al menos dos) ni en qué clases. Además, en esa sala del infienno hay chopecientos mil corchos todos con informaciones super importantes para que tú llegues a tu clase, no haya clases descontroladas, las notas se pongan los días que se tienen que poner, que el instituto no explote... Claro, yo llego de novata y necesito al menos una hora para encontrar mi sitio en el mundo.
Una vez estudiados todos los corchos y en vista de que no me tocaba hacer ninguna sustitución (que hubiera sido en el primer día lo que me faltaba) me encaminé a preguntar mesa por mesa quién más tenía una clase de 6º y qué tenían pensado hacer. De lo del material Montessori me dijeron que no hacía falta que me preocupara en un principio, y que iban a repasar. También me dieron ánimos diciendo que mi 6º era el mejor, que eran super riquines y que tenía mucha suerte de que me hubiera tocado esa clase. Así que contentísima me fui en busca del Arca (la clase) perdida, y cuando llegué entré super animada en plan profesora riquina y les empecé a espetar en inglés "How are you? My name is... What´s your name?" etc., a lo que ellos muy animados me contestaron...
... a grito pelao, en plan "¿QUÉEEEEE?", "PERO PERO PERO QUÉ DICEEEE" y cosas por el estilo, y no sé como, de repente tenía una clase de niños gritadores que no había manera de controlar, dos se estaban pegando puñetazos el uno al otro, uno chiquitín que parecía el amigo de las gafas del de "aquellos maravillosos años" pero con cadena al cuello y una camiseta de AC/DC se había tirado al suelo, las niñas daban grititos, los otros niños decían assurdeces y se las reían los unos a los otros... y yo allí en medio intentando poner orden, llamando la atención a los unos, sujetando a los otros... tal debacle, tal batalla, tal despropósito educativo no los había yo vivido nunca en toda mi carrera, y ya a los 5 minutos de haber pisado la clase tenía tal dolor de cabeza que no se me pasó hasta el día siguiente. Ni que decir tiene que las primeras preguntas fueron las únicas palabras en inglés que pude pronunciar en toda la clase, y en las siguientes. Aquello fue definitivamente lo que se llama mal comienzo de morirse, los chavales se me habían desmandado y, aunque en las siguientes clases les puse un código estricto de normas (según ellos, parece ser que no soy lo suficientemente estricta - mecachis!! Pero si la Rottenmeyer era un cúmulo de dulzura a mi lado después de aquella primera hora de clase!!) y les mantuve más o menos a raya, realmente lo del inglés no se lo tomaron en serio... hasta hoy, que después de cargarme a media clase (siendo infinitamente magnánima, que si hubiera sido justa me aprobaban 5), gracias a Santo Tomás de Aquino me han incrustado una clase de niños aún más pequeños, que son más manejables y me tienen un poco más de respeto, porque la tutora de los primeros ha vuelto de su permiso de maternidad y es profesora de inglés (toma!!)
Aquel día volví a casa y me acosté porque no podia ni pensar, ni actuar, ni preparar clases ni nada. Tras UNA horita de nada!!!!!!! Y esto es un breve ejemplo de las perlas de la vida del profesor en una Gesamtschule alemana, que ni decir tiene que he tenido muchas más, pero para que os hagáis una idea de lo que yo he llegado a echar de menos a mis adultos de la Escuela de Idiomas, a mis vagos estudiantes de la Uni, a los profes a los que enseñaba español en la academia... cuánto he echado yo de menos a esa gente, madre mía. Pero bueno, ya estamos a casi 6 meses de aquello y después de infinitos cambios de horario, de no obtener las clases de alemán sino de inglés para los chavales de 17 años (comentando sonetos de Shakespeare como mínimo), que tiene tela, de discutir de notas con chicos de 18 que se piensan que con sentarse en la silla en mi clase aunque sea de espaldas a la pizarra y escribir tres líneas por pregunta en el examen tienen todo el derecho a aprobar, con chicas de 19 que son "super guays" y "nuuuunca" en la vida han sacado un notable en español y demás alegrías, ya estoy perfectamente adaptada a la escuela, me sé dónde está cada clase, reconozco a más de la mitad de mis compañeros ya sea por el nombre de pila o por el apellido y por todas partes me dicen que a ver si me puedo quedar en el cole definitivamente ... Algo es algo. Seguiré luchándolo, pero os puedo garantizar que, de momento, los niños siguen sin gustarme demasiado.
Un besote a todos, seguid bien. Otro día os cuento cosas divertidas del cole, que también las hay, conste.
No os lo vais a creer, pero yo tuve una época, hasta los 17 años más o menos, en que me gustaban los niños. Y los veía y me hacían gracia, y si conocía a los padres los cogía en brazos, jugaba con ellos y me los conseguía ganar para que fueran adorables... Bueno, pues esa época está muy, pero que muy lejos, ya que ciertos acontecimientos en mi vida alejaron de mí aquel sentimiento maternal y me acercaron más a comprender a mi padre cuando, a mi muy tierna edad, me hizo la confesión de que no le gustaban los niños (cosa que me dejó unos segundos sin respiración hasta que añadió la frase salvadora: "sólo los míos"Uff.).
Una de esas cosas es, lamentablemente, haber trabajado en un colegio en España. A mi me gusta mucho enseñar cosas que parecen incomprensibles, contar historias, ayudar a resolver problemas, aclarar dudas... me encanta ser profesora, pero (y todo tiene un pero en esta vida assurda) no me gustan demasiado los niños. Y menos los niños histéricos, gritones, puñeteros o violentos. Quizá un poco cuando tienen chispa, o se alegran de verte, o tienen el día tonto y se portan bien. O bueno, si lloran tampoco puedo soportarlo y se me deshace el alma en pedacitos. O si son niños de mis amigas, pequeñines y tiernos, entonces vale: tengo momentos de babeo máximo y se me derrite el corazón de riquines que son. Incluso podría reconocer cierta debilidad por éste o aquél. Pero dejando aparte esta experiencia reveladora que me ayuda a mantener las puertas de una futura maternidad al menos entornadas, no, no me gustan demasiado. Y esta experiencia se ha visto reforzada al empezar mi trabajo en un instituto alemán.
Os lo voy a contar y así comprenderéis también el por qué desde agosto no he vuelto a escribir... (Aunque ya pensé en escribiros cuando llevaba dos semanas de aventuras, pero como no vi yo mucho impacto de mis posts, pensé que nadie lo leía... que nooo, retiro lo dicho. No, también estaba hecha polvo (expresión que acabo de enseñar a mis principiantes y les ha gustado casi tanto como contestar un sentido "fataaaaal" cada vez que les pregunto el típico "¿Qué tal?" al empezar una clase), siejke no veáis cómo dehgasta el instituto... Al final, cuando conseguía levantarme de la cama (taaaarde) el finde me ponía a preparar cosas para la siguiente semana y ná, se me pasó un finde (también se lo he enseñao: "¿Qué tal el finde?" Me hace una gracia cuando lo dicen...jijiji) y otro finde, y otro finde... Hasta llegar a estas tesituras, medio año después, que se dice pronto).
Bueno, ¿por dónde empezar? Digamos que la primera semana fue lo más horrible que me ha pasao a nivel profesional en años y años. Fue peor que la primera clase que di, que tuve que repasar los pronombres personales de objeto directo e indirecto y fue un infienno... Fue peor que aquella vez que intenté que un grupo de adorables abueletes leyeran un texto sobre los Paradores Nacionales de más de 20 líneas. Definitivamente, fue peor que la primera vez que intenté explicar qué leches es eso del subjuntivo, y peor aún que aquella vez que una señora de muy mala leche se cerró en banda en una audición y no había manera de que se relajase y me dijera alguna palabra de las que entendía (que era imposible que no entendiera al menos una). Fue infinitamente más horrible que cuando otra señora se me apuntó al seminario "los éxitos del verano" sin poder siquiera presentarse, porque "como ya sabía español su marido, le podía ayudar...". Fue mucho peor porque fue un cúmulo de esas situaciones, pero de corrido durante toda la semana. Intentaré jomentarlo un poco más (jo, hay que ver todo lo que he ejkrito sin llegar al grano todavía):
Aquel día llegué pensando que tan horrible no iba a ser, porque por el momento y hasta que me incrustaran las clases de alemán (toma ya, diréis vosotros, más chula que un ocho es la assurda, clases de alemán en Alemania... que nooo, que son clases para niños de padres inmigrantes) sólo tenía una hora (de 45 minutos) en 6º de inglés (11 tiernos añitos, diréis vosotros, pan comido para Mari... JA!). Llegué incluso una hora antes para hacerme con el lugar. Lo primero, es que una está más que confusa cuando al fin encuentra la sala de profesores en un cole con varios edificios en el que nadie repara en una, y cuando entra se encuentra con más de noventa compañeros de los que no se sabe el nombre, no se sabe el apellido, no se sabe qué asignaturas dan (cada uno da al menos dos) ni en qué clases. Además, en esa sala del infienno hay chopecientos mil corchos todos con informaciones super importantes para que tú llegues a tu clase, no haya clases descontroladas, las notas se pongan los días que se tienen que poner, que el instituto no explote... Claro, yo llego de novata y necesito al menos una hora para encontrar mi sitio en el mundo.
Una vez estudiados todos los corchos y en vista de que no me tocaba hacer ninguna sustitución (que hubiera sido en el primer día lo que me faltaba) me encaminé a preguntar mesa por mesa quién más tenía una clase de 6º y qué tenían pensado hacer. De lo del material Montessori me dijeron que no hacía falta que me preocupara en un principio, y que iban a repasar. También me dieron ánimos diciendo que mi 6º era el mejor, que eran super riquines y que tenía mucha suerte de que me hubiera tocado esa clase. Así que contentísima me fui en busca del Arca (la clase) perdida, y cuando llegué entré super animada en plan profesora riquina y les empecé a espetar en inglés "How are you? My name is... What´s your name?" etc., a lo que ellos muy animados me contestaron...
... a grito pelao, en plan "¿QUÉEEEEE?", "PERO PERO PERO QUÉ DICEEEE" y cosas por el estilo, y no sé como, de repente tenía una clase de niños gritadores que no había manera de controlar, dos se estaban pegando puñetazos el uno al otro, uno chiquitín que parecía el amigo de las gafas del de "aquellos maravillosos años" pero con cadena al cuello y una camiseta de AC/DC se había tirado al suelo, las niñas daban grititos, los otros niños decían assurdeces y se las reían los unos a los otros... y yo allí en medio intentando poner orden, llamando la atención a los unos, sujetando a los otros... tal debacle, tal batalla, tal despropósito educativo no los había yo vivido nunca en toda mi carrera, y ya a los 5 minutos de haber pisado la clase tenía tal dolor de cabeza que no se me pasó hasta el día siguiente. Ni que decir tiene que las primeras preguntas fueron las únicas palabras en inglés que pude pronunciar en toda la clase, y en las siguientes. Aquello fue definitivamente lo que se llama mal comienzo de morirse, los chavales se me habían desmandado y, aunque en las siguientes clases les puse un código estricto de normas (según ellos, parece ser que no soy lo suficientemente estricta - mecachis!! Pero si la Rottenmeyer era un cúmulo de dulzura a mi lado después de aquella primera hora de clase!!) y les mantuve más o menos a raya, realmente lo del inglés no se lo tomaron en serio... hasta hoy, que después de cargarme a media clase (siendo infinitamente magnánima, que si hubiera sido justa me aprobaban 5), gracias a Santo Tomás de Aquino me han incrustado una clase de niños aún más pequeños, que son más manejables y me tienen un poco más de respeto, porque la tutora de los primeros ha vuelto de su permiso de maternidad y es profesora de inglés (toma!!)
Aquel día volví a casa y me acosté porque no podia ni pensar, ni actuar, ni preparar clases ni nada. Tras UNA horita de nada!!!!!!! Y esto es un breve ejemplo de las perlas de la vida del profesor en una Gesamtschule alemana, que ni decir tiene que he tenido muchas más, pero para que os hagáis una idea de lo que yo he llegado a echar de menos a mis adultos de la Escuela de Idiomas, a mis vagos estudiantes de la Uni, a los profes a los que enseñaba español en la academia... cuánto he echado yo de menos a esa gente, madre mía. Pero bueno, ya estamos a casi 6 meses de aquello y después de infinitos cambios de horario, de no obtener las clases de alemán sino de inglés para los chavales de 17 años (comentando sonetos de Shakespeare como mínimo), que tiene tela, de discutir de notas con chicos de 18 que se piensan que con sentarse en la silla en mi clase aunque sea de espaldas a la pizarra y escribir tres líneas por pregunta en el examen tienen todo el derecho a aprobar, con chicas de 19 que son "super guays" y "nuuuunca" en la vida han sacado un notable en español y demás alegrías, ya estoy perfectamente adaptada a la escuela, me sé dónde está cada clase, reconozco a más de la mitad de mis compañeros ya sea por el nombre de pila o por el apellido y por todas partes me dicen que a ver si me puedo quedar en el cole definitivamente ... Algo es algo. Seguiré luchándolo, pero os puedo garantizar que, de momento, los niños siguen sin gustarme demasiado.
Un besote a todos, seguid bien. Otro día os cuento cosas divertidas del cole, que también las hay, conste.
